SEMANA DE LA ACEPTACIÓN (Del 18 al 24 de Noviembre de 2024)

El primer paso para convertirte en una Mamá Despierta y poder ser esa guía que tu hijo o hija necesita, es aceptar. Aceptar el diagnóstico, aceptar a tu hijo o hija y aceptarte a ti. Y en esta semana te voy a dar las claves y muchos ejercicios prácticos para que puedas comenzar ese proceso de aceptación que será muy bueno para ti, para tu hijo o hija y para toda tu familia. Regálate una semana de autocuidado y conecta contigo misma. ¡Gracias! – [contact-form-7 id=»6a9f28a» title=»Inscripcion»]
LA RED DE APOYO DE LAS MAMÁS DESPIERTAS – Descubre todo

En muchas ocasiones, te he hablado de cómo las mamás con hijos/as con neurodiversidad necesitamos, muchas veces, ser incluidas, apoyados, entendidas. Es normal encontrarnos en situaciones familiares donde la madre es la que desempeña el papel fundamental en la vida de su hijo/a y lleva todo el peso de la carga emocional de la familia. Casi de una forma automática, las madres solemos adquirir el papel de todoterreno sin caer en la cuenta de que, también, como el resto de personas que nos rodean somos seres humanos que necesitamos, exactamente, las mismas atenciones emocionales que el resto de personas. Adquirir este rol de mamás todopoderosas, nos lleva a que nos resulte más difícil soltar, ese ya famoso, control. Y como si de un bucle se tratara, seguir al frente de todo sin aceptar y reconocer que, muchas veces, necesitamos y merecemos ayuda. Pero, ¿cuánto nos cuesta reconocer que necesitamos esa ayuda, esa red de apoyo? Y, por otro lado, ¿qué hay de malo en reconocer que necesitamos seguridad, apoyo, amor, comprensión e, incluso, validación? Y no quiero decirte con esto que estemos esperando las dos palmaditas en la espalda para seguir adelante. Te hablo de la retroalimentación. De necesitar y, sobre todo, ser merecedora de recibir de nuestro entorno, al mismo tiempo que damos. En mi libro, Mamás Despiertas, te hablo de que hay que dar para recibir y que la primera persona que debe de estar en esa fila, y aunque te pueda parecer egoísta, eres tú. Si bien, hay que dar para recibir, tienes que darte a ti primero para que, entre otras cosas, lo que des a las demás personas sea de calidad. Así que, con todo esto claro, el primer paso es ACEPTAR. Aceptar que, a veces, no puedes con todo. Aceptar que, a veces, no eres la mejor opción. Aceptar que, a veces, necesitas parar. Aceptar que, a veces, necesitas apoyarte en alguien de confianza. Alguien que no te juzgue, alguien que no te cuestione, alguien que, aunque no pueda entenderte al 100%, esté ahí para sostenerte. Y fíjate que te digo “a veces”. Es muy importante que, al mismo tiempo que trabajas la aceptación de que necesitas esa red de apoyo, también te auto-valides por todas esas veces que puedes con todo y con más. Todas esas veces que eres la mejor opción. Todas esas veces que sigues, sí, como una todoterreno. Todas esas veces que puedes seguir con o sin apoyo. Normaliza. Normaliza que estar mal, no está mal. Que necesitar a esa red de apoyo es necesario y reconfortante. Que, como todo en la vida, tus emociones, tus ánimos, son cíclicas y que de esos “a veces”, si los enfocas con una buena actitud, vas a sacar muchos aprendizajes para ti, tu hijo/a y tu familia y entorno. Y para aceptar, para normalizar, necesitas, y es de vital importancia, que trabajes tu despertar. Que te conviertas en una verdadera Mamá Despierta. Una Mamá Despierta que, a pesar de todas esas situaciones, días, etc, donde necesitamos un empujoncito, no nos quedemos en ese bucle de victimismo, sino que miremos hacia adelante, siempre, con actitud. ¿Y cómo elegir la red de apoyo? Pues aunque te parezca una locura, esa red no la debes buscar o no aparecerá, hasta que no comiences a trabajarte a ti misma. Porque sí, nos rodeamos de mucha gente pero no toda es de confianza y no toda está preparada para esa misión tan importante como es sostenernos. El famoso autor y conferencista Jim Rohn dijo una vez: «Somos el promedio de las cinco personas que nos rodean». Normalmente pasamos nuestro tiempo con las personas con las que más conectamos. Y conectamos con las personas según nuestra vibración, que va a estar muy determinada por la actitud que tenemos ante la vida. Y como la actitud es nuestra, y, digamos que, es el imán que va a atraer a esas personas con una actitud ante la vida similar, es nuestra actitud y no la de otras personas la que debemos de trabajar. Es nuestra aceptación y no la de los demás, la que debemos integrar. De esa manera, llegarán e identificaremos a esas personas que merecen estar a nuestro lado, acompañarnos en la vida y si, convertirse en nuestra red de apoyo. Una red de apoyo de vital importancia. Una red de apoyo valiosísima, y que muchas veces pasamos por alto o sólo reconocemos en los momentos donde no podemos más. Una red de apoyo, al igual que una red de circo, que asegura que si un trapecista cae, no sufra daño, debe de estar cuidada, sin roturas, fuerte, sólida. Nos tiene que dar la seguridad de que caigamos con la fuerza y altura que caigamos, está preparada para sostenernos, cuidarnos y que no nos hagamos daño. Y, como no todos los bucles son nocivos, volvemos al comienzo. Para cuidar tu red de apoyo, primero debes cuidarte tú. Para validar a tu red de apoyo, primero debes de validarte a ti misma. Para aceptar a tu red de apoyo, primero debes aceptarte como persona, mujer y madre. Aceptar, la clave está en aceptar con Actitud. Bendice y agradece tu red de apoyo. Cuídala cada día para que esté siempre a punto para ti. Cuídala por el principio, cuidando de ti, antes que de nadie. Te Abrazo. Carolina Rodríguez
¿Y QUÉ PASA SI TIENES QUE SOLTAR EL CONTROL?

¿Y qué pasa si sueltas el control? Hoy te traigo un tema que a mi, personalmente, me ha costado mucho entrenamiento poder realizar y que, sinceramente, aún sigo entrenando. Yo creo que es algo que nunca dejaremos de mejorar. Soltar el control. A ver, eso de llevar el control, nos encanta a las madres, ¿es así o no? Nos encanta controlar qué comen nuestros hijos e hijas, estar pendientes de cómo y cuándo se toman las medicinas, de a dónde van, cuándo vienen… es algo que llevamos como intrínseco, ¿verdad? Desde este Ladito de la Realidad, creo que es algo que vamos heredando de nuestra familia, son esas creencias que nos inculcan porque es lo normal, lo que está bien, sin darnos cuenta que nos limita. Y no sólo a nosotras sino también a nuestros hijos/as y a nuestra familia. Yo soy de las que opina y cree firmemente que tenemos la oportunidad de cambiar todo eso, de romper con todas esas creencias y no pasarlas a nuestros hijos/as para que su vida sea bastante menos limitante que la que ha podido ser la nuestra. Pero este tema da para otra entrada de blog, así que vamos a lo que nos trae hoy aquí. Soltar el control. ¿Por qué debemos soltar el control? Principalmente porque no es sano para nosotras, realmente nos desgasta, nos hace estar en el futuro todo el rato y eso nos provoca estrés, ansiedad y perdernos un montón de situaciones que, como poco, nos van a hacer crecer mucho más. Además de que se nos pasan los días y, cuando nos damos cuenta, nuestros hijos/as son mayores y no hemos disfrutado, sino siempre pendiente en controlar. Pero también hay otro motivo, de igual peso, por el que debemos en ocasiones soltar el control. Aunque te jorobe reconocerlo (a mi me joroba a veces) no siempre somos la persona ideal para acompañar a nuestro hijo/a. A veces es mejor estar en un segundo plano. Y para eso, mi querida Mamá Despierta, debes aceptar y tener una buena actitud. Y soltar, soltar el control y llenarte de calma. Confiar en tu red de apoyo y avanzar. Te voy a poner un ejemplo vivido por mi, para ponerte en situación y que puedas luego llevar a tu experiencia como mamá y a tu Ladito de la Realidad. Recuerda siempre que yo te hablo desde aquí, mi Ladito de la Realidad, pero que hay tantos como personas en este planeta. Este verano era la primera vez que mi hijo pequeño que, además, es autista, iba a volar por primera vez en avión. Para ponerte en situación debo de confesarte que a mi el avión era algo que no me hacía especial alegría, por eso de estar en un sitio del que no puedo salir cuando yo quiera. Así que para mí, también iba a ser un nuevo entrenamiento y eso me tenía doblemente inquieta. Para que ese día marchara todo lo bien que estaba en nuestra mano, había varias cosas que hacer: En primer lugar anticiparle todo lo que iba a suceder, o al menos darle toda la información que pudiéramos. Así que nos fuimos al aeropuerto, sacamos las tarjetas de embarque, le explicamos ese proceso, le dijimos por dónde íbamos a pasar cuando fuéramos a embarcar, lo que podía suceder allí y fuimos, también, a ver despegar y aterrizar algunos aviones. Además, hablamos con una profesional de la compañía aérea y nos dio pautas específicas de qué cosas debíamos anticiparle antes del vuelo. Con todo eso, ¡manos a la obra! Para todo esto, yo me encontraba totalmente capacitada y ahí estuve. Tuvimos varias conversaciones donde yo le explicaba y él preguntaba. En una de esas conversaciones, me formuló la pregunta del millón: “mamá, ¿quién va a ir a mi lado?” incluso en una de las ocasiones que me preguntó, me compartió el deseo de que fuera yo la persona que lo acompañara. Yo, que estaba intentando gestionar ese rato que iba a estar en el aire sin poderme bajar del avión. Así que comenzó en mí un verdadero conflicto: lo podía acompañar y así estaba yo en modo control, al tanto de todo. O delegaba en otra persona ese momento para garantizarle a él su bienestar. En otro momento de mi vida, cuando aún no había despertado, te puedo garantizar que hubiera elegido la primera opción. Hubiera sacrificado su bienestar por mi control. Pero decidí que no, que yo no debía estar en ese momento, no al menos en primer plano, junto a él. Le conté, entonces, que los asientos estaban numerados y que le había tocado ir con papá. Y bueno, le contaba todo el rato que, qué chachi que iba a ir junto a su padre, que lo iba a pasar súper bien, qué iba a ser súper divertido. Sé, querida Mamá Despierta, que no hace falta que te explique el batiburrillo de emociones que tenía en mi interior. Pero tenía la certeza absoluta de que así era lo mejor para él y, aunque yo no lo veía en ese momento, para mí también. Llegó el día y nos dispusimos a tomar ese avión. Para todo el protocolo del aeropuerto estuve yo, bien presente y tranquila. Al subir al avión, llegó el momento de soltar, y de irme a mi asiento y ver, desde el segundo plano, cómo Fabio vivía esa primera vez sin mi. Fue raro eso de no controlar, pero a medida que pasaba el vuelo, lo veía a él tan bien, a mi llevando todo con calma, y comprobando que todo marchaba, comprendí que soltar el control no sólo es bueno sino que nos permite aprender a todas las partes. Aceptar que yo no era la mejor opción para el primer vuelo de Fabio, me costó mucho. Entrenar ese soltar y ver cómo él y todo el entorno lo hicimos de 10 y aprendimos, me hace sentir muy orgullosa. ¿En qué situaciones sueltas el control? Celébralo y siéntete orgullosa de ti y de
Los Ritmos de Aceptación

LOS RITMOS DE LA ACEPTACIÓN Hoy te traigo un tema muy potente, un tema intenso y que es de los más importantes no sólo ante el diagnóstico de nuestro hijo o hija, sino también ante cualquier situación de la vida que pueda suponer una inquietud, Me estoy refiriendo a los ritmos de aceptación. Y quiero hacer mucho hincapié en la palabra ritmos. Porque es en eso en lo que nos vamos a enfocar hoy, los ritmos en los que aceptamos. Ya hemos hablado en otras ocasiones, que ante el diagnóstico de nuestro hijo/a, se nos presentan una infinidad de dudas, miedos, frustraciones, incertidumbre, rabia, enfado…… y a la vez, una imperiosa urgencia por saber más, entender y buscar a todos esos profesionales capacitados para acompañar a nuestro hijo o hija a partir de este nuevo descubrimiento. Déjame decirte una cosa antes que nada, y recuerda que te hablo desde este ladito de la realidad. Cualquier persona, en este caso nuestros hijos e hijas son las mismas antes y después del diagnóstico. Personalmente fue una de las claves que me ayudó a comenzar el proceso de aceptación. Entender que ese diagnóstico me aportaba claridad, respuesta a muchas cuestiones que me había hecho ante comportamientos y reacciones de mi hijo, me aportaba información para, con eso, poder buscar a los profesionales que iban a acompañarle en su desarrollo y a entender, que me tocaba a mi despertar y ser su guía. Con todo esto, debemos entonces entender que si para mi, para ti que me estás leyendo estas líneas, supuso o está suponiendo un proceso intenso de aceptación. También para el resto de personas que conforman tu familia: pareja, otros hijos o hijas, incluso resto de la familia, supone el mismo proceso, pero cada uno de ustedes, lo está transitando a su ritmo, su ritmo perfecto. Quiero en este punto dejar claro, por si te pudieras estar preguntado que dónde queda en toda esta ecuación tu hijo o hija diagnosticado, que para mi también es la persona más importante en toda esta situación. Pero también puedo garantizarte que tienes que trabajar en ti y en el resto de la familia para poderle dar todo lo mejor. Siempre te digo que lo que quieras ver en él o ella, tienes que verlo primero en ti, y que tu calma es su calma. Por lo tanto, puedes darte cuenta, seguro, de lo importante de que aceptes, no sólo la situación que están viviendo, sino tu ritmo perfecto de aceptación y también , por supuesto, el de resto de integrantes de tu familia que, aunque diferente, es igual de perfecto que el tuyo. Suele pasar que creemos que hemos aceptado la situación pero realmente no es así. En todas las familias siempre hay uno de los miembros que suele ser la persona que, aparentemente, coge las riendas de las situaciones que se puedan presentar en el día a día. Esa persona que, además sin pensar mucho en ella misma, controla y se cerciora de que el resto de miembros de la familia, está bien y que la situación marcha como debe de ser. ¿Te suena esto? En mi caso y el momento en que recibimos el diagnóstico fui yo esa persona. Pero solemos cometer varios errores. Errores que no nos benefician a nosotras ni tampoco al resto de miembros de la familia. El primero y más importante es que hacemos de cara a la galería que hemos aceptado la situación, aunque estemos mal y con todas esas emociones que comentábamos al principio. Pero hacemos ver y nos hacemos ver a nosotras mismas, que tenemos aceptada la situación. Y lo primero que debemos hacer y escucha bien es ACEPTAR QUE NO QUIERO ACEPTAR. En mi caso, hasta que no acepté esto no pude empezar realmente ese proceso de aceptación que no sólo me iba a beneficiar a mi y al resto de la familia sino, por supuesto y lo más importante, a mi hijo. ¿Cómo vas hasta aquí? ¿Te vas sintiendo reflejada con este, mi ladito de la realidad? Hay otro error que comentemos y que unido a este que te acabo de compartir puede convertirse en una verdadera bomba de relojería. Y es que a nuestra supuesta aceptación o incluso cuando verdaderamente estamos en ese proceso de aceptación, le añadimos el pensar, pretender y casi que obligar a que el resto de personas de nuestra familia acepte a la misma velocidad que tú, que le inquieten exactamente lo mismo que a ti, ni más ni menos, sino lo mismo y que vea toda la situación igualita que tú. Si esto pasa, van a suceder varias cosas. Primero: que nuestro hijo o hija lo que va percibir, sentir y con lo que va a convivir es con conflicto, discrepancia, mala energía y recuerda que tu calma es su calma y la calma y armonía del hogar va a ser determinante para cada desafío y nueva experiencia, e imprescindible para su buen desarrollo. Segundo: que tanto tú como el resto de la familia, además de también percibir todo esto que te comentaba en el punto anterior, van a sentirse aún más estancados y frustrados y no va a ayudarles en nada a poder avanzar en ese proceso de aceptación en pro de tu hijo o hija y del resto de la familia. Tercero: El proceso de aceptación se va a ser más lento, más duro, y menos enriquecedor para todos los miembros de la familia. Y Cuarto: Tardarán más tiempo en ser los Guías que necesita tu hijo o tu hija para poder también aceptar, crecer, desarrollarse y descubrirse. Además, y como todo empieza en una misma y en casa, estaremos contribuyendo con este proceso de aceptación, con este respeto de ritmos, a una Verdadera Inclusión Real, porque una vez que nos entendemos y aceptamos a nosotras mismas, con nuestros ritmos, características, fortalezas, debilidades…… estaremos capacitadas para entender y aceptar a el resto de personas con las que nos relacionamos. ¿Puedes imaginarte que pedazo de misión
¿Quién te lo iba a decir?

Después de un embarazo, seguramente con sus más y sus menos, después de ese momento mágico de poder ver, sentir, oler, a ese pequeño ser que estuvo dentro de ti alrededor de 9 meses. Después de esas noches en vela, pañales, gases, biberones, llantos, primeras risas, primeros pasos….. Después de todo eso, llega un día y diagnostican a tu hijo o hija de TEA….y ahí, las dudas, el miedo, la impotencia, la incertidumbre, todo eso se adueña de ti. Mil preguntas se te vienen a la cabeza. Preguntas tanto en pasado, presente y futuro. Te entiendo. Te entiendo porque yo también pasé por todo eso y sentí exactamente lo mismo que tú. Hay dos aspectos importantes que quiero compartirte. Lo que normalmente hacemos las mamás y los papás, cuando diagnostican a nuestro hijo o hija y lo que deberíamos hacer. Lo que normalmente hacemos es protegerle tanto que no nos damos cuenta que somos nosotros mismos y nosotras mismas, aunque sea desde el amor más profundo y puro, quienes les limitamos y etiquetamos. Y lo que realmente hay que hacer es ACEPTAR. Aceptar después de, claro que sí, permitirnos ese batiburrillo emocional que vivimos en ese momento. Quiero hacerte una pregunta, ¿Tú hijo o hija es otra persona después de que te dieran el diagnóstico? No, ¿verdad?. Es exactamente la misma persona. Evidentemente es súper importante saber, tener claridad, tener información para poder disipar nuestras dudas y, sobre todo, para poder ayudarle junto con los profesionales capacitados para ello. Y también esa claridad es muy importante para ACEPTAR. Si no sabemos, ignoramos. Y si ignoramos no seremos capaces de aceptar. Así que, aunque pueda parecerte un poco brusco lo que te voy a decir, no vas a cambiar la situación. Lo que si puedes cambiar es el cómo la enfocas y la actitud que decidas tomar ante ella. Y tener una buena actitud ante lo que estás viviendo no quiere decir que tengas que estar bien todo el rato. Es saber qué hacer y hacerlo, permitiendo cada una de las emociones que vengan a visitarnos; nos gusten más o menos. Esto también forma parte de la aceptación, saber que hay días mejores y peores. Los aceptos y los permito. Y no sólo mis días malos, también los de mi hijo o hija y los del resto de la familia. Y, ¿qué otra cosa nos puede ayudar a aceptar? Pues el LENGUAJE. El lenguaje que usamos para hablar y pensar. ¿Qué tal si empezamos a decir y decirnos que nuestro hijo o hija tiene unas características. ¿Cuáles son esas características? Identifícalas; es la mejor manera de aceptarlas. Y también hacérselas ver a el o a ella. Recuerda que, en la medida que aceptes tú, le va a ser más fácil y de una manera más sana aceptarse a el o a ella. Y por último, algo que nos hace los días más amables es centrarnos en lo que SÍ. En lo que si me da mi hijo o hija. En lo que si hace. En cada pasito que da en su desarrollo. En lo que se le da bien. Te invito a que reflexiones en qué más cosas podrías centrarte para hacer tus días más amables. Recuerda que centrarse en lo que si es también valorar y agradecer. Y todo esto no quiere decir que no debamos trabajar con él o ella todas esas características que le puedan hacer llevar su propio ritmo, ni tampoco quiere decir que endulcemos la situación ni los días intensos, etc. Lo que quiere decir es que estemos enfocadas, centradas en todo eso que sí, que es lo que nos va a dar esa fuerza de amor para seguir cada día como sus Guías Perfectas y Elegidas. Y hablando de ritmos…. Quédate con esta palabra; RITMOS. Tu hijo o hija tiene unas características y un ritmo. Y si lo piensas un poco, todas las personas tenemos unas diferentes a las del resto que nos hacen ser quienes somos. Así que no comparemos, ni etiquetemos, ni queramos que ese ritmo sea más o menos. Ese ritmo es, y es perfecto. Además, un ritmo no es rítmico porque sea más rápido, lo que lo hace rítmico es la constancia en el tiempo. Acepta su ritmo, acepta también el tuyo y el de resto de la familia y acompañemos siempre desde el Amor. Te Abrazo. Carolina Rodríguez
El Cero Juicio

¿Qué es el cero juicio? Seguro que has escuchado muchas veces la expresión “cero juicio” o “sin juicio”. ¿Qué significa? ¿A qué se refiere la gente cuando usa esa expresión? ¿A qué te refieres tú, cuando la utilizas? Yo te voy a hablar desde este lado de la realidad. No sé si lo que vas a escuchar resonará contigo, pero de lo que si estoy segura es de que te hará reflexionar de cómo se ve esta expresión desde ahí, tu ladito y, lo mejor de todo, podrás comprobar si en tu día a día pones en práctica el cómo lo ves tú. Para mi, emitir un juicio es algo que no podemos evitar, pues somos personas que pensamos y tenemos opinión de las cosas. Tenemos preferencias, gustos, hay cosas que nos encantan y otras que no tanto. Así que, para mí, es imposible que haya cero juicio. Lo que sí diferencio es el tipo de juicio que emitimos y, también, el cómo lo emitimos. Es decir, podríamos decir que lo que debemos evitar son las etiquetas e imponer nuestra realidad por encima de la de las demás personas. Recuerda que la realidad es la misma pero cada persona la distorsiona a su manera. Hace un tiempo, hablando con un familiar le daba mi opinión sobre un tema en el que estábamos involucrados ambos, y usé esta expresión: “te lo digo sin juicio pero…………”, y este familiar me decía: “si, estás juzgando….”. Así que me fui para casa con la matraquilla: ¿estaré juzgando?, ¿no estaré juzgando?… ¡ay! ¡Qué mal…..! Después de mucho reflexionar me di cuenta que, desde mi realidad, uso mal esa expresión. El juicio, como opinión, no sólo es que no podamos evitarlo, es que creo que, a emitirlo, le estamos dando valía a nuestro parecer sobre algo y nos sirve para determinar que si y que no. Ahora, el juicio para hacer daño, el juicio porque sí aunque no vaya conmigo la cosa, el juicio para etiquetar o atacar la identidad de una persona. Ese, no vale. Así que, a partir de ese día sigo usando la expresión “cero juicio” o “sin juicio” pero, desde aquí, lo que significa es sin etiquetas, ni imposición ni ataque. ¿Te resuena todo esto? Antes de ponerte un ejemplo muy del día a día, déjame contarte que después de descubrir lo que significa para mí y desde este lado, la expresión “cero juicio”, tuve una conversación con una gran amiga donde hablábamos del juicio, de no emitir juicio. Podría decirte que desde su lado puede ser que no se viera exactamente esta expresión como desde el mío. Pero si te puedo decir una cosa, ambas respetamos la perspectiva de la otra, y aunque las dos opinamos de manera distinta, primaba el respeto por la otra, y eso es el verdadero no juicio. Y ahora si, vamos con el ejemplo.…. No es lo mismo decir que las aceitunas son malísimas a decir que para mi, las aceitunas son malísimas ¿Ves la diferencia? Normalmente vamos en nuestro día a día imponiendo el cómo vemos la realidad desde nuestro lado, sin dar opción a las demás realidades, sin respetarlas…. Y no somos conscientes de que al no respetar el ladito de la realidad de las demás personas, no estamos dando a respetar nuestro ladito de la realidad. Y esto nos pasa en nuestra familia, en los entornos de trabajo, con los amigos y amigas, en los entornos escolares y de actividades de nuestros hijos e hijas. ¿Se acuerdan cuando nuestros mayores decían que en la mesa no se hablaba ni de fútbol, ni de política ni de religión? Pues, creo que estamos llegando a un punto en que cómo sigamos así no vamos a poder hablar… directamente, así de radical. Porque si te paras a pensar un poco, en casi todos los temas de conversación nos estamos jugando un conflicto, discusión, etc, al no respetar los demás lados de realidades y al no expresarnos correctamente para que la otra persona entienda que estás respetando su perspectiva y además poniendo en valor la tuya. Y si te estás preguntado que, qué pasaría si la otra persona impone su lado de la realidad…. Pues te dejo aquí otro refrán de los abuelos y abuelas … ¡qué sabios eran!! “Dos no discuten si uno no quiere…..” Pueden pasar dos cosas: O que la otra persona no se baje del burro, y entonces tú puedes decidir o montarte también en el burro, o poner fin a la conversación (ojo, eso no quiere decir que en según que circunstancias tengas que tomar decisiones y acciones para que la situación concreta se solucione). O que respetando tú, el lado de la otra persona, consigas que, la otra persona, se de cuenta de que es su visión, su perspectiva lo que está compartiendo y no la verdad verdadera. Por ejemplo, si volvemos al ejemplo de las aceitunas, y alguien te dice: “buuuaahhhh las aceitunas son malísimas…..” y tú le dices: “bueno… a mi me parece que están sabrosas…”, es muy muy probable que la otra persona te diga…. “Pues a mi me parecen malísimas”. Y habrá cambiado el “son malísimas” por el “a mi me parece….” ¿No te ha pasado alguna vez? Oye, y también al contrario…. El ser la otra persona la que te da su parecer, dejando claro que es suyo, y darte cuenta tú de que estabas imponiendo y corregir la expresión. Seguro que te ha pasado con un penalty pitado en el partido de futbol de tu hijo o hija, en la cantidad de agua que le pones al arroz, en si prefiere que el colegio de tus hijos o hijas use tablet o libro de textos, en si te gusta más el invierno o el verano…… Piensa un momento y seguro que lo vas a ver claro. Y ese es el objetivo, que identifiques, te identifiques cuando estés imponiendo tu realidad, y que sigas entrenando exponer y dar a respetar tu realidad sin faltar el
PRÓXIMO WEBINAR GRATUITO: LOS 3 PILARES DE LA ACEPTACIÓN

Fecha: 15 de enero de 2024 a las 20:00h (hora de Canarias) Cuando diagnostican a un hijo/a de alguna Neurodiversidad, comienza un camino de dudas, miedos, impotencia, frustración, etc. Para poder empezar a gestionar y tomar acción en esta nueva experiencia de vida y para convertirnos en la GUÍA PERFECTA Y ELEGIDA de nuestro/a hijo/a, debemos comenzar por aceptar. Te presento los 3 pilares de la aceptación, que harán que comiences a convertirte en una auténtica MAMÁ DESPIERTA. * Aceptar que no acepto * ¿Quién es mi hijo/a? * ¿Quién tengo que ser yo para ser su GUÍA? Comienza este 2024 de una manera sana y con actitud. Nos vemos dentro. INSCRÍBETE PULSANDO AQUÍ
¿Por qué? vs ¿Para qué?

Eres de las que te preguntas ¿por qué pasan las cosas? O ¿ para qué te pasan las cosas? Hoy, quiero explicarte y que reflexionemos juntas sobre la diferencia entre una y otra pregunta. Cuando diagnostican a un hijo/a de alguna neurodiversidad una de las primeras preguntas que nos hacemos constantemente es “¿Por qué?”. Se nos pasan por la cabeza un millón de preguntas en las que intentamos averiguar qué pasó o qué hicimos para que nuestro/a hijo/a tenga esas características. Y, déjame decirte, que todas esas preguntas son normales. Yo también me las formulé. Una y otra vez, sin tener una respuesta clara, que me convenciera y, sobre todo, que me aliviara. No había nada en esos ratos de reflexión que me aportara alivio o que fuera entendible para mi. Al contrario, empecé a generar unos sentimientos y emociones de frustración, culpa, dudas, miedos….que crecían por momentos y que se adueñaban de mi vida y también del resto de la familia. Pues yo, sin saberlo, estaba “traspasando” todas esas emociones en forma de energía que no beneficiaba para nada al día a día familiar. Aunque te pueda parecer frío o insensible, y aunque me costó mucho entrenamiento llegar a esta conclusión que te voy a contar, entendí que mi hijo era autista antes y después del diagnóstico y que eso no iba a cambiar. A partir de ahí tenía dos opciones: tirar la toalla, resignarme, quedarme en el porqué de esta experiencia de vida o decidir descubrir el para qué estaba y estamos viviendo todo esto y, sobre todo, para qué él me había escogido como su mamá, como su GUÍA PERFECTA Y ELEGIDA. Y me gusta recalcar siempre que no somos perfectas porque todo lo hagamos como es. Somos perfectas porque somos la elección de ellos/as y eso, querida MAMÁ DESPIERTA, es una verdadera bendición. Así que centrarnos en el para qué es verdad que no va a cambiar las cosas, sin embargo nos va a permitir tomar acción, no sólo para nuestro crecimiento sino también para el de nuestro/o hijo/a. No se trata de endulzar la neurodiversidad de tu hijo/a, ni de que no te afecte o que no te produzca un motón de emociones no agradables para ti. Se trata de ACEPTAR, la experiencia que estás viviendo tú y tu hijo/a y centrarte en todo lo que puedes hacer por él/ella, por ti e incluso por toda la sociedad. Pues, déjame decirte, que eres elegida también para contribuir a una sociedad inclusiva desde el verdadero respeto y amor. Esta experiencia de vida tiene sus días, sus momentos, sus situaciones y no siempre son igual de fáciles. Pero creo firmemente que eres la persona indicada para acompañar y guiar a tu maravilloso/a y mágico/a hijo/a. Recuerda querida mamá, QUE LO ESTÁS HACIENDO MUY BIEN. Te Abrazo. Carolina Rodríguez